Anorexia Nerviosa, ¿qué es?

En el blog de hoy os presentamos uno de los Trastornos de la Conducta Alimentaria más conocidos, la Anorexia Nerviosa. Es posible que todxs tengáis una ligera idea de qué supone padecer una enfermedad como esta: cuerpos muy delgados, con restricción alimentaria y autoimagen distorsionada. Sin embargo, entraña mucha más dificultad y profundidad, y es importante poder tener la información necesaria para poder identificarla lo antes posible, tanto en nosotrxs como en el resto. 

¿QUÉ ES LA ANOREXIA NERVIOSA?

Cuando una persona padece Anorexia Nerviosa (AN), hablamos de que dicha persona restringe o elimina comida a través de conductas purgativas, con el objetivo de alcanzar un peso que se encuentra por debajo de lo adecuado en torno a su sexo y edad.

Según el DSM-5, podríamos comprender la AN desde los siguientes criterios:

A. Restricción de la ingesta energética relacionada con las necesidades, y que conlleva una reducción significativa con el peso corporal en relación a la edad, sexo, etapa evolutiva y salud física.

B. Temor intenso a la ganancia de peso, o conductas reiteradas que comprometen el aumento de peso, a pesar de partir de un peso significativamente bajo.

C. Alteración en el modo de percibir el propio peso o constitución, influencia inapropiada del propio peso o la constitución en la autoevaluación, o ausencia persistente de noción de la gravedad del bajo peso corporal en la actualidad.

Tendríamos que especificar si la persona recurre de manera habitual a atracones o purgas (tipo purgativo/compulsivo), o no (tipo restrictivo).

¿CÓMO SE DESARROLLA LA ANOREXIA NERVIOSA?

Para poder entender cómo se desarrolla en el tiempo la AN, expondremos los diferentes factores predisponentes, precipitantes y de mantenimiento (Garner, 1993).

Entre los factores predisponentes a desarrollar la Anorexia Nerviosa, encontramos aspectos individuales, familiares y culturales.

  • Cuando hablamos de factores individuales, nos referimos a la predisposición que tiene una persona debido al conjunto de aspectos hereditarios, variables temperamentales, y la influencia de la educación y entorno social y familiar. Cuando nos referimos a la genética no sugerimos que ésta puede provocar el trastorno, sino que hace que la persona sea susceptible a ello. Por otro lado, en cuanto al temperamento, variable muy importante, las personas con Anorexia Nerviosa evidencian una respuesta a la estimulación ambiental y un nivel de actividad extremadamente evitador. De igual modo, a menudo presentan un esquema perfeccionista y rígido, envuelto por la baja búsqueda de novedad, alta persistencia y elevada restricción. En relación a la parte social, la mayoría de las personas que sufren AN tienen dificultades debido a la falta de confianza en sus propias capacidades, sumado a la elevada preocupación por la opinión que tengan de ellxs. La baja autoestima se encuentra por tanto a la orden día, acompañada en ocasiones de una historia de críticas y situaciones negativas en torno al cuerpo, lo que invita a construir actitudes negativas y creencias desadaptativas sobre el cuerpo.
  • Los factores familiares que predisponen a una persona a padecer Anorexia Nerviosa son aquellas estructuras familiares donde existen ambientes sobreprotectores y no se reconoce la individualidad. A menudo también se habla de espacios competitivos donde es habitual la excesiva preocupación por la apariencia física, el autoconcepto, el éxito personal y el perfeccionismo. Otros ambientes predisponentes son familias donde sufren patología, consumo excesivo de alcohol, agresiones y maltrato, obesidad en algún progenitor, y procesos depresivos. Aun así, no existe un “tipo” de familia en concreto que predisponga como tal a este trastorno.
  • En cuanto a los factores socioculturales, nos sumergimos aquí en la cultura de la delgadez. Medios y las diversas redes transmiten que la apariencia física es nuestro valor principal, y que por tanto, la delgadez es sinónimo de belleza, éxito, juventud, salud, y fuerza de voluntad. En relación a la fuerza de voluntad, estos mensajes también transmiten que hacer cambios el sencillo, por lo que la persona que no lo consigue pronto fácilmente puede recoger sentimientos de frustración y debilidad. La estigmatización de los cánones de belleza y obesidad generan a su vez sensaciones de insatisfacción hacia el cuerpo. El grupo de mayor riesgo son los adolescentes, cuya etapa vital se encuentra rodeada de multitud de cambios físicos y psicológicos, y donde la imagen corporal no se encuentra del todo definida. Además, son más susceptibles a las comparativas entorno a la imagen corporal, sin poseer de los recursos necesarios para defenderse del acoso publicitario.

Los factores precipitantes se entienden como aquellos contextos estresantes que promueven la aparición del trastorno. Los desencadenantes más habituales suelen ser el sobrepeso, cambios físicos propios de la pubertad, historia de críticas en cuanto a la imagen corporal, o experiencias bruscas de cambio. Estas experiencias pueden ser la pérdida de un familiar importante, la ruptura de la estructura familiar, abusos sexuales y maltrato, sufrir algún tipo de enfermedad, etc. La experiencias de fracaso en el entorno académico, personal, artístico, amoroso, o profesional, también pueden resultar muy significativas. Por último, las vivencias en cuanto a dietas o propósitos en cuanto a cambios en la apariencia también son antecedentes importantes.

Por último, los factores de mantenimiento son aquellos que hacen que el trastorno perdure en el tiempo. El factor más importante es el mantener sin cambios una pauta alimentaria inadecuada, dado que los cambios que provienen de la restricción dificultan el buen funcionamiento mental y corporal. El juego control-descontrol mantiene el trastorno, dado que favorece el miedo a la gordura y la sensación de incapacidad, y las estrategias que se ponen en marcha para solucionar el problema gira en torno a manejar la comida. Las dinámicas familiares también juegan un papel mantenedor en el momento que muestran posiciones opuestas e inconexas, dado que no permite construir un frente sólido para afrontar el problema. También ocurre que debido a la sensación de culpa, esto les puede conducir a negar el problema, o sobreproteger en su defecto. Para terminar, y no menos importante, la distorsión en la imagen corporal conlleva que la persona que continúe  prestando tanta atención a la comida, entendiendo que la única herramienta es seguir perdiendo peso.

Para más información no dudes en consultarnos o pedir una primera cita. ¡Estaremos encantadas de ayudarte!

Patricia Expósito

Codirectora y Psicóloga del Centro DAMAR

REFERENCIAS

Calvo, S.R. (2002). Anorexia y Bulimia, Guía para padres, educadores y terapeutas.

Planeta. Barcelona.

Selvini-Palazzoli, M. (1979). Self-starvation: From individual to family therapy in the

treatment of anorexia nervosa. New York: Jason Aronson.

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