Me siento culpable cuando como

La culpa y el hambre

En el blog anterior hablábamos sobre el Trastorno por Atracón, donde explicamos los motivos por los cuales una persona puede comer de manera compulsiva y cómo se siente al respecto. Uno de los componentes importantes ahí es la culpa, y hoy hablaremos en profundidad sobre ella.

Tened en cuenta cómo la culpa nos puede coartar o impulsar a tener unas conductas u otras. Cuando hablamos de alimentación, la culpa nos puede conducir a evitar comidas, o tratar de compensarlas tras haberlas ingerido.

La tortura de la culpa nos hace pequeñxs, y en esa insignifancia reside la rumiación y el remordimiento, que directamente nos hace responsables de nuestros actos.

La alimentación no se da por un mero impulso fisiológico, sino que va más allá de cubrir una necesidad nutricional. De hecho, las necesidades que giran en torno a la alimentación pueden tener un carácter social, mediático, cultural y educativo.

Factores que motivan la culpa

Por definición, la culpa es una emoción se experimenta al sentir que se ha vulnerado un estándar moral. Sentirnos culpables tras ingerir ciertos alimentos, o durante, tiene que ver en gran parte con cómo categorizamos internamente dichos alimentos. Esta discriminación entre buenos y malos, prohibido o permitidos, golpean una serie de creencias internas que provienen de la cultura de la dieta, y que nos hacen entender que al comer eso alimentos que no deberíamos comer, estamos haciendo algo malo.

En nuestra sociedad existen diversos factores que fundamentan estas creencias, y que por ende motivan esta sensación de culpa:

  • La educación
  • La cultura que premia la delgadez
  • Las dinámicas familiares y relacionales
  • La desinformación
  • La mala gestión emocional

¿Cómo puedo reducir la culpa con la comida?

En primer lugar, es importante entender que nuestros actos van más alla del mero plano consciente, y que debemos darnos la oportunidad de explorar los motivos que nos han conducido a comportarnos de esta manera. Entender qué significado le otorgamos a los alimentos, para así poder ir ajustándonos más a la realidad, es un paso fundamental.

Debemos explorar qué se encuentra en torno ese sentimiento de culpa, para poder descubrir de qué creencias y pensamientos partimos, y cómo se han configurado en el tiempo. Y de igual modo, poder sintonizar mejor con cómo nos sentimos, generando un espacio que nos permita conectar mejor con aquellas emociones que han quedado más enmascadas.

Atendiendo a esas creencias y pensamientos, podemos evaluarlos de cara a construir y ofrecernos un discurso interno más firme y seguro.

Y sobre todo, podemos establecer unos límites que nos protejan, entendiendo nuestros tiempo, y permitiéndonos, con paciencia y sin juicios, ser.

PATRICIA EXPÓSITO

Psicóloga General Sanitaria

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