¿QUÉ ES LA ALIMENTACIÓN EMOCIONAL?

¿QUÉ ES LA ALIMENTACIÓN EMOCIONAL?

“Estaba de los nervios y me comí el paquete de galletas”, “No tenía nada que hacer y estuve venga a picar”, “Estaba triste y me compré un montón de chucherías”.

En ocasiones, independientemente del hambre que tengamos, nuestras emociones nos piden consumir ciertos alimentos, y la mayoría de las veces son poco saludables. Ya sea cuando nos sentimos aburridos, solos o tristes, ingerimos alimentos que nada tienen que ver con una necesidad fisiológica.

Este hábito puede llegar a suponer un aporte energético mayor del que nuestro cuerpo necesita, lo que conducirá a una posible ganancia de masa grasa y con ello, posibles complicaciones derivadas del aumento de peso. Está comprobado que personas con sobrepeso u obesidad estiman peor las calorías a la hora de realizar ejercicio, por lo que posteriormente realizan una ingesta mucho mayor y también tienen peores hábitos de vida. Esto lleva a las personas a encontrarse dentro de un círculo vicioso del que cada vez es más difícil salir porque no hemos solucionado el problema de base.

Cuando ingerimos alimentos impulsados desde las emociones como golosinas, patatas fritas de bolsa, bollería industrial, galletas, etc, paralelamente se refuerza esa emoción, y esto crea una necesidad de continuar alimentándose de ese tipo de procesados. Unos productos que por otro lado también, se diseñaron para generar esa sensación de placer, crear dependencia y sea más complicado parar.

qué es la alimentación emocional

Con todo esto, hay que tener en cuenta que el bienestar que estos productos producen es momentáneo, por lo que finalmente retorna el caprichoso malestar y normalmente acompañado de un sentimiento de culpa que se va sedimentando poco a poco en la persona y cada vez con más fuerza.

> ¿CÓMO CONTROLAR EL HAMBRE EMOCIONAL?

Citando a Isabel Menéndez en su libro Alimentación Emocional: Las luchas internas son acalladas con frecuencia a base de llenarnos la boca de comida para no pronunciar palabras cuya carga emocional puede asustarnos; palabras que se refieren a cosas que no nos permitimos sentir.” Por tanto, ¿qué deberíamos hacer para despegarnos de esta alimentación emocional?

Un buen punto de partida sería preguntarnos qué nos mueve a buscar la comida, ¿tengo hambre? ¿cómo me encuentro ahora?. Por otro lado, desde ese mismo planteamiento, chequear qué tipo de alimentos son los que te llaman atención, si la brújula tira más hacia el plátano o hacia el bollo de mantequilla. Normalmente el hambre emocional tiene una necesidad de alimentos ricos en azúcares, grasas y sal, mientras que el hambre fisiológico no tiene preferencias. Comer alimentos menos saludables desde el conocimiento del comportamiento y la aceptación de la decisión, ayuda a tomar decisiones más intencionales y menos automáticas.

> ESTRATEGIAS PARA CONTROLAR EL HAMBRE EMOCIONAL

Tratar de favorecer la conexión de la ingesta con emociones positivas es una buena vía.

A través de la relajación y la atención a los mensajes del cuerpo, poder regular los horarios de comidas, supliendo las necesidades orgánicas y logrando una sensación de saciedad y satisfacción.

Es importante realizar actividades gratificantes que a su vez nos brinden un espacio para reflexionar sobre esas emociones, como por ejemplo: realizar ejercicio, escuchar música o hablar con un amigo/a.

Otros truco para poder dar esquinzado a esos impulsos sería beber un vaso de agua. Así podemos ser conscientes realmente si se trata de hambre emocional o fisiológica, ya que en muchas ocasiones, eso que se presenta como hambre en un principio puede deberse a una falta de hidratación.

Para acabar, señalar que la intención de este blog es dar un poco de luz a qué nos mueve en ocasiones a comer lo que comemos, y sobre todo a cómo comemos.

¡Escucha a tu cuerpo y cuídalo!

Patricia Expósito y Andrea Sanjuán

Psicóloga Sanitaria y Dietista-Nutricionista del Centro DAMAR.

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